Nino, de Pauline
Loquès, presentada mundialmente en el Festival de Toronto
(TIFF 2024) y ahora en la 70ª Semana Internacional de Cine de
Valladolid (Seminci) dentro de la sección Punto de Encuentro
del festival Español, es una película que sorprende
precisamente porque no intenta sorprender. A partir de una premisa
que podría dar pie al sentimentalismo —un joven que acaba de ser
diagnosticado con cáncer—, Loquès construye un relato íntimo,
lúcido y profundamente humano. Es una de esas películas que no
buscan provocar lágrimas, sino acompañar al espectador en un
proceso emocional que, sin grandes golpes de efecto, deja una huella
duradera.
