FIFIGROT 2026. Cumple 15 años y convierte la rebeldía en una declaración de principios

  Gérard Trouilhet  El Festival International du Film Grolandais de Toulouse inauguró este lunes su 15.ª edición en el American Cosmograph. Durante la ceremonia, celebrada el 14 de septiembre a las 18:30, el festival volvió a reivindicar aquello que lo ha convertido en una cita singular dentro del panorama cinematográfico: la libertad de programación, el ... Leer más

 

Gérard Trouilhet 

El Festival International du Film Grolandais de Toulouse inauguró este lunes su 15.ª edición en el American Cosmograph. Durante la ceremonia, celebrada el 14 de septiembre a las 18:30, el festival volvió a reivindicar aquello que lo ha convertido en una cita singular dentro del panorama cinematográfico: la libertad de programación, el humor irreverente, la defensa del cine independiente y una mirada permanentemente dirigida hacia los márgenes.

Quince años después de aquella primera edición que, en principio, debía ser única, el FIFIGROT sigue aquí. Y lo hace conservando buena parte de la insolencia con la que nació. Hasta el 20 de septiembre, Toulouse vuelve a convertirse en territorio de películas raras, obras recuperadas, encuentros, conciertos, exposiciones, propuestas literarias y actividades que difícilmente encontrarían su lugar en un festival más convencional.

La ceremonia de apertura precedió a Voilà c’est fini, primer largometraje en solitario de Gustave Kervern, presentado en presencia del director. La película abrió simbólicamente una nueva semana de programación en la que el festival volvió a mirar hacia aquello que se encuentra fuera de los circuitos más previsibles.

Quince años de una aventura que debía durar uno

Gérard Trouilhet fue uno de los encargados de recordar cómo comenzó esta historia. La frase resume bien la trayectoria del festival:

“Cuando empezamos la aventura hace quince años, tenía que ser una sola edición. Y finalmente la mayonesa cuajó y aquí estamos, todavía”.

La permanencia del FIFIGROT no se explica únicamente por las películas. Su identidad se construye también alrededor de una programación paralela que forma parte de su ADN:

“La fiesta en el Gro’Village, las exposiciones, los conciertos, los encuentros literarios, los juegos completamente idiotas, etc., etc., etc.”

Pero detrás de esa apariencia festiva existe un trabajo colectivo que permite que el festival vuelva cada año. Trouilhet puso el foco en quienes trabajan durante meses para que la semana de septiembre sea posible:

“El festival no puede tener lugar sin los voluntarios, todo el equipo que trabaja durante todo el año, más los voluntarios que vienen a recibir a la gente, ya sean invitados o público, durante el festival”.

El responsable recordó también la importancia de las salas y de los socios que acompañan al festival:

“El festival tampoco podría tener lugar sin todos los socios que nos ayudan, en primer lugar los cines”.

La frase funciona como recordatorio de que el FIFIGROT no es únicamente una programación cinematográfica, sino una estructura colectiva sostenida por trabajadores, voluntarios, salas, instituciones y público.

Serge Regourd

Un festival que reivindica su singularidad

Entre los apoyos institucionales estuvo Serge Regourd, representante de la Región de Occitania, que recordó su vínculo con el festival desde sus primeros pasos:

“Estamos muy contentos de apoyar el festival Groland, que apoyamos desde el origen”.

Regourd insistió en que la particularidad del FIFIGROT es precisamente aquello que le permite diferenciarse de otros acontecimientos cinematográficos:

“Este festival es un festival muy singular. No es asimilable a los demás y no es intercambiable”.

Su definición fue todavía más gráfica:

“Es un souffle d’air pur que es extremadamente saludable”.

Y también quiso subrayar su dimensión estrictamente cinematográfica:

“Es un verdadero festival de cine. No es simplemente una huella de Bologne”.

Durante la inauguración, esa reivindicación de la diferencia apareció como uno de los hilos conductores. El FIFIGROT no parece interesado en convertirse en una versión más de los festivales existentes, sino en conservar precisamente aquello que lo hace difícil de clasificar.

Benoît Delépine 

Noël Godin, una memoria que sigue provocando

Uno de los momentos centrales de la ceremonia estuvo dedicado a Noël Godin. El homenaje no se limitó a recordar al personaje público y sus célebres tartas de crema, sino que trató de recuperar el significado de una forma de provocación que mezclaba humor, cine y crítica.

La intervención dedicada a Godin fue explícita:

“La tarte à la crème de Noël Godin no es una bufonada, no es un homenaje al cine burlesco americano. Es un gesto político”.

La provocación aparece así entendida no como una simple puesta en escena, sino como una herramienta capaz de cuestionar las convenciones.

“La subversión alegre es un arma más eficaz que la kalachnikov”.

También se recordó su extraordinaria cultura cinematográfica y su capacidad para descubrir películas y autores alejados de los circuitos dominantes:

“Creo que lo había visto todo, que lo conocía todo”.

Y, sobre todo, su papel como guía para generaciones de cineastas y cinéfilos:

“Solo Noël podía indicarnos sus joyas y guiarnos en nuestra cinefilia”.

Benoît Delépine: el faro de una generación

Benoît Delépine recuperó durante la ceremonia algunos recuerdos personales relacionados con Godin. Su intervención permitió convertir el homenaje en algo más íntimo, alejado de una simple sucesión de anécdotas.

Al recordar su primer contacto con aquel universo, explicó:

“Me dije: es en su casa donde quiero ir”.

La casa de Godin apareció como un lugar de descubrimiento, intercambio y circulación de objetos, películas e ideas:

“Todo se robaba”.

Pero el recuerdo adquirió una dimensión mucho más profunda cuando Delépine habló de la influencia que Godin tuvo sobre ellos:

“Para nosotros, su muerte es más que importante. Ha sido el faro de nuestro pensamiento y de nuestra risa durante todos estos años”.

La memoria, en este caso, no se presenta como algo estático. Delépine reivindicó la posibilidad de continuar a partir de esa herencia:

“Basta con volver a pensar en él, en su manera de hablar, en su faconde, en sus objetivos, y también en su filosofía y sus convicciones para seguir adelante”.

Quince años, pero ninguna intención de madurar

La edad del festival se convirtió durante la ceremonia en una metáfora. Quince años significan adolescencia, búsqueda, experimentación y rebeldía.

La provocación fue deliberada:

“Quince años, quince años, la edad bendita del estupro pegado a las sábanas adolescentes”.

Más allá de la provocación verbal, el discurso reivindicó la adolescencia como una etapa de exploración:

“Al menos los adolescentes buscan, experimentan”.

Y la trasladó al terreno social y político:

“Son a menudo más informados, concernidos, implicados, angustiados también, pero sobre todo rebeldes, ecológicamente, socialmente, políticamente”.

La intervención fue todavía más directa al enumerar algunas de las palabras que atraviesan las preocupaciones contemporáneas:

“Dicen Gaza y hasta genocidio, calentamiento, fascismo y, sobre todo, dicen mierda cuando otros más envejecidos piensan en quién sabe qué”.

La conclusión volvió a situar la rebeldía en el centro:

“Es haciendo tonterías como quizá se cambia el mundo”.

Y terminó con una llamada colectiva:

“Seamos adolescentes, rebeldes, revoltosos”. 

Una programación construida desde los márgenes

La misma voluntad de descubrimiento atraviesa la programación cinematográfica. Maxime Lachaud explicó que la selección de esta 15.ª edición no fue sencilla:

“La selección ha sido drástica”.

Maxime Lachaud

El festival vuelve a combinar películas contemporáneas con obras recuperadas, restauraciones, rarezas e inéditos:

“Hay tantas obras maestras que estamos muy contentos de volver a mostrar, a menudo en versiones restauradas, como inéditos y películas muy raras que veréis durante el festival”.

La programación se convierte así en una forma de ampliar la mirada y recuperar películas que pueden quedar fuera de los circuitos habituales.

Lachaud también destacó una de las colaboraciones de esta edición:

“Es realmente un regalo que nos hace Pyramid, el distribuidor, poder presentároslo”.

La lógica de la programación conecta con otra de las ideas centrales de la ceremonia: poner en el centro aquello que normalmente queda fuera.

“Ponemos en el centro a quienes están en los márgenes, allí donde se escriben no las apreciaciones y las correcciones, sino otras historias, otros relatos, otras posibilidades”.

No se trata únicamente de una declaración estética. También es una forma de entender el festival como espacio de circulación de películas, discursos y miradas que no siempre encuentran una pantalla.

Declarar abierta la 15.ª edición

La inauguración terminó recuperando uno de los elementos que más se repitieron durante la ceremonia: la necesidad de conservar un espacio abierto frente a las fronteras, las clasificaciones y los discursos cerrados.

La declaración final fue clara:

“A la hora de las fronteras y de los espíritus que se cierran, hay que declarar abierta esta 15.ª edición”.

Y la respuesta, igualmente breve:

“Continuemos siéndolo”.

Adolescentes. Rebeldes. Revoltosos.

Quince años después de aquella primera edición que debía ser una excepción, el FIFIGROT continúa haciendo de la diferencia una identidad. Cine, humor, memoria, provocación, rarezas y descubrimientos vuelven a encontrarse durante una semana en Toulouse.

El festival ya tiene quince años. Pero la inauguración dejó claro que la edad no significa necesariamente madurez. Al menos no en Groland. Aquí, cumplir quince años parece ser una invitación a seguir buscando, experimentando y haciendo ruido.

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